“La miel algunas veces cura, alivia muchas y siempre endulza”.
“La miel es rica y ahorra botica”.
(Serra: “Refranero apícola”)
“En el sentido natural se puede decir que quizá no habrá remedio cuyo uso interno sea más antiguo, ni que reúna en sí tantas virtudes medicinales; con la miel sola se pueden curar muchos males internos y externos, y prevenir algunos muy graves”.
“Ella (la miel) es detersiva y pectoral, demulcente, balsámica, un xabón natural, y el mejor remedio asociado con los zumos de las plantas disolventes, para fundir y evacuar sin irritación la saburra hipocondríaca atrabiliaria”.
(G. Gimel: “Nuevos aforismos de medicina práctica”)
Por diversas circunstancias el mundo de la apicultura ha llamado nuestra atención desde hace ya muchos años. Con apenas quince años de edad acompañaba a mi padre al pequeño colmenar que teníamos trashumante entre Segorbe (Castellón), durante el invierno para aprovechar sobre todo la flora de romeros y tomillos, el naranjo de Valencia en primavera, y finalmente en Calamocha (Teruel) las flores más tardías del verano.
Junto a algunos memorables picotazos y al mal humor que nos quedaba al dedicar muchos fines de semana a visitar las colmenas, nos quedó además, una vez que abandonamos esta práctica con gran alivio de la familia, una especial querencia hacia los productos elaborados por las abejas.
Con los años esta querencia se transformó en el gusto por estudiar y conocer la evolución de los conocimientos apícolas a lo largo de la historia, así como en profundizar en todo lo referido al aprovechamiento de la miel, la cera de los panales, el polen, la jalea real y el propóleos, sobre todo en el mundo de la farmacia.
Hemos dedicado varios libros, numerosos artículos de revista y abundantes conferencias a las que periódicamente somos invitados, para destacar especialmente el enorme aprovechamiento que estas sustancias han rendido en todas las etapas históricas a la hora de sanar enfermedades y de curar dolencias.
Hoy, estamos convencidos de ello, la miel y las demás sustancias elaboradas por las abejas, siguen suministrando productos de enorme valor para la salud de las personas. Desde las propiedades medicinales y dietéticas de las mieles monoflorales, hasta el polen, el propóleos y la jalea real, todo lo que liban estos pequeños insectos, se transforma en sustancias de enorme interés sanitario. Incluido el propio veneno de su aguijón, históricamente, y hoy también, usado como potente antirreumático.
Mieles monoflorales:
