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Congreso de Manila. Evolución

FR. MARCOS LAINEZ HERNANDO: EL EVOLUCIONISMO Y LAS NUEVAS TEORÍAS QUÍMICAS EN FILIPINAS A FINALES DEL SIGLO XIX

 

 

José María de Jaime Lorén

Universidad CEU-Cardenal Herrera (Valencia)

"Tres frailes. Aunque evangelizaron las tierras de Filipinas, no perdieron su cariño a Calamocha y quisieron demostrárselo enviando la imagen de la virgen del Rosario que encontrarnos en el segundo altar de la iglesia entrando a la derecha. Todavía después de 70 años recuerdo que mi padre (q. e. p, d.), la sacó del cajón, así corno todo lo demás, corona, rosarios. La cabeza y manos iban cuidadosamente colocadas en otro cajoncito.

Imágenes ambas, de gran valor artístico ya que su manto posee gran cantidad de oro y sus cabezas y manos son de marfil".

En un viejo periódico provincial de 1957 aparece esta referencia a tres dominicos calamochinos que ejerciendo su ministerio pedagógico y espiritual por las Islas Filipinas, experimentaron la necesidad de hacer un presente a su pueblo de origen, como expresión de recuerdo y de cariño hacia su tierra y hacia sus paisanos, y así lo hicieron enviando la bellísima imagen de la Virgen del Rosario que hoy puede contemplarse en uno de los altares laterales de la Iglesia Parroquial de esta localidad. El mayor de todos ellos era precisamente Fr. Marcos Lainez, de cuya faceta cientírica vamos a ocuparnos.

Humanista y científico

El 24 de abril de 1851 nació en la villa de Calamocha Marcos Lainez Hernando. De familia humilde, en Calamocha vivió hasta su ingreso en la Orden de Santo Domingo en 1866 en el colegio de Ocaña. En esta ciudad toledana se hallaba estudiando Teología, cuando aceptó partir como misioneros a la Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas.

En marzo de 1872 salió del convento y se embarcó en Barcelona en el vapor "Emiliano" hacia las islas, fondeando el 25 de mayo en la bahía de Manila. El cambio de clima, de ambiente y de compañeros, no afectó a su hábito de estudio, y pronto concluyó sus cursos académicos con toda brillantez, se preparó para recibir las órdenes del sacerdocio, e inició su actividad docente y religiosa desempeñando distintos cargos.

En 1878 es destinado de nuevo a la Península al colegio de Ávila donde regentó la cátedra de Filosofía, mientras se licenciaba en Ciencias en la universidad madrileña con gran aprovechamiento. Regresó a Manila en agosto de 1884, pasando a la Universidad de Santo Tomas de Aquino como catedrático de química de la Facultad de Medicina y de Farmacia.

En 1902 regresó a España como vicerrector de Ávila y primer rector del nuevo colegio de Santa María de Nieva. Allí permanece unos pocos años hasta que es destinado como superior del convento de Rosarwille, en Nueva Orleans, al sur de los Estados Unidos.

En 1913 vuelve de nuevo y definitivamente a Filipinas. Ya no se moverá más de Manila, alternando sus trabajos en el colegio dominico con sus clases de Química en la Universidad, así hasta su muerte que acaeció el 18 de abril de 1916.

Fruto de toda esta actividad intelectual son una serie de artículos que vieron la luz en las revistas filipinas "Correo Español" y "Libertas", donde con frecuencia abordaba temas de actualidad, así como algunos libros sobre religiosidad, gramática inglesa o su discruso sobre "Combinación y compuesto químico" que aquí vamos a presentar.

Ciencia e ideología: el Darwinismo en España a finales del siglo XIX

Para entender bien el ambiente intelectual en el que Fr. Marcos Lainez compone este "Discurso" inaugural del curso de 1896 en la Universidad de Santo Tomás de Manila, conviene conocer un poco el debate ideológico que por entonces se daba en España en relación con la teoría de la Evolución, ideas que sin duda conocía desde 1878 cuando estudiaba Ciencias en la Universidad de Madrid, donde eran frecuentes las discusiones sobre esta cuestión.

A pesar de que las teorías sobre la evolución de los seres vivos, se habían empezado a plantear en España poco después de la publicación en 1859 de la obra de Carlos Darwin "El origen de las especies por la selección natural", hubo que esperar hasta el inicio del Sexenio Revolucionario (1868-1874) para que comenzaran a aparecer trabajos favorables a esta posición, gracias la política liberal desarrollada a partir de la promulgación de la Ley de Libertad de Enseñanza de 1868, que permitió superar muchas trabas ideológicas que habían limitado a los naturalistas de la época isabelina, su interés por estudiar los problemas relacionados con los orígenes de la Tierra y de la vida.

Más tarde, la restauración monárquica de 1875 paralizará esta vía de librepensamiento al impedir de hecho la libre disertación en las aulas universitarias. Por eso, un tema tan polémico como la teoría de la Evolución saldrá en las publicaciones de manera muy atenuada y nunca en forma de debates abiertos.

En cualquier caso, a comienzos del último cuarto del siglo XIX la comunidad científica española tenía una ideología claramente conservadora. Durante el reinado de Isabel II, se había formado en nuestro país una generación de naturalistas que asimilaban con muchas precauciones las nuevas ideas, dejándose influir notablemente en su valoración por los científicos franceses, a su vez poco entusiastas entonces de las ideas de Darwin que asociaban bastante con el transformismo de Lamarck.

Al principio del debate del Darwinismo, la postura más generalizada será la de comentar la teoría con un cierto eclecticismo, tratando de hacer compatible los postulados favorables a la conformidad entre el Génesis y las ciencias naturales con las ideas de Darwin.

Entre los naturalistas que aceptaron de manera crítica las ideas de Darwin, figuran los partidarios de una evolución orgánica como ley general de la naturaleza, generalmente vinculados con la Institución Libre de Enseñanza desde 1877. A pesar de estas y otras manifestaciones favorables de los naturalistas españoles a la teoría evolucionista de Darwin, la tendencia mayoritaria durante la parte final del siglo XIX fue rechazar el darwinismo, y resaltar la armonía entre ciencias naturales y religión.

Hubo también autores que aceptaron la transformación de las especies, pero no de los grupos sistemáticos de mayor rango, como son las grandes clases. Es el caso del dominico Juan González Arintero que se muestra partidario de un cierto Evolucionismo cristiano, dispuesto a aceptar una evolución limitada o matizada, considerando que en el propio relato bíblico se recoge una progresión en la aparición de los grandes grupos o clases –peces, aves, mamíferos ...-, citados específicamente como grupos creados por Dios, y sin embargo no había ninguna referencia a las especies que constituían los géneros que a su vez se integraban en las clases.

Siguiendo al paleontólogo del Museo de Historia Natural de París, A. Gaudry, aceptaban estos autores el transformismo entre especies, pero dejando al margen las grandes clases que se remontaban a la obra inmediata y directa de Dios. Así la evolución quedaba circunscrita a las especies contenidas en cada una de las clases. Además de las críticas que el Evolucionismo de Darwin recibió de todos estos paleontólogos, hubo otras exclusivamente ideológicas realizadas por eclesiásticos y autores laicos.

Este es a grandes rasgos el contexto intelectual en que se movía el pensamiento evolucionista en España, cuando Fr. Marcos Ibáñez compone su lección magistral de inauguración de curso en la Universidad de Santo Tomás de Manila en 1896. Sin duda pretendía, mientras se ocupaba del origen de la materia y de los compuestos químicos, proporcionar su visión personal sobre la teoría de la Evolución. Todo ello buscando sin duda intervenir directamente en el contraste general de opiniones que en esos mismos momentos, año 1896, se daba en la ciencia y en la sociedad española.

En lo científico, conservador y antievolucionista

Vamos con el "Discurso leído en la apertura anual de los estudios de la Real y Pontificia Universidad de Santo Tomás de Manila el día 2 de julio de 1886", y que Fr. Marcos Lainez titula "Reflexiones sobre la combinación y el compuesto químico".

Una interesante referencia autobiográfica aparece al comienzo de la oración magistral, cuando señala que en la cátedra de Geología de la Universidad Central de Madrid en el curso 1883-84 observó al microscopio el famoso Eozoon Canadense, foraminífero en el que muchos científicos veían el origen de la serie animal, contra la opinión de Moebius -a quien sigue Lainez- para el que no es otra cosa que un simple accidente mineralógico que puede ocasionarse en todas las mezclas de la calcita con la serpentina o el piroxeno, "digan lo que quieran los partidarios del sistema evolucionista".

Con esta significativa cita llegamos a la cuestión central del pensamiento científico de Fr. Marcos, firme opositor de las modernas teorías evolutivas que por entonces estaban en pleno debate ideológico en España como en el resto de Europa. Efectivamente, cuando hace referencia a estas nuevas corrientes de pensamiento utiliza una terminología muy peyorativa:

"Y de ahí también el giro extraño e inconcebible que se viene dando a la ciencia de nuestros días porque ya nadie es buen profesor ni ocupa dignamente su puesto, si no repite los delirios de Naquet, Paye, Lubbcok y Feuerbach; nadie asiste a las cátedras si no se difunden y divulgan las utopías de Wallace, Hoocher, Schaafhausen y Darwin, ni se lee un libro si no se hace eco de las locuras de Huxley, Gleisberg y Häckel. Ya la veis Señores: anarquía completa y absoluta libertad".

Es evidente que hoy, transcurridos mas de cien años desde que se pronunciaran estas palabras, pueden escandalizarnos por lo caducas y superadas. Mas, no se crea que estaban formuladas a la ligera. En su apoyo trae Lainez la opinión de los más prestigiosos científicos de la época.

Todavía más fuertes y duros son los párrafos que en este mismo sentido apuntaba Henry Deville, tal como recuerda Lainez: "Con el nombre de teorías se introducen en la Química una porción de ideas vagas que pueden ser nocivas a su desarrollo, y si no nos sujetamos a hacer uso de principios bien definidos, corremos el riesgo de perdernos en el camino de un misticismo científico, y nos contentaremos con un ideal halagüeño, pero indeciso, en vez de principios claros y rigurosamente demostrados".

También hay que decir en justificación de Fr. Marcos, que la centuria decimonónica con sus permanentes luchas civiles no fue precisamente un momento brillante para la química española, que permaneció bastante al margen de los descubrimientos y de las nuevas teorías científicas que se estaban gestando en Europa.

Conviene recordar que la teoría atómica de la materia que critica Lainez, logró su triunfo mas resonante en 1869 cuando Mendeleieff propuso la famosa Tabla de su nombre, con una ordenación sinóptica de los elementos en la que se relacionan el peso y las propiedades químicas de los mismos, incluso permitirá adelantar la existencia de nuevos elementos que con el tiempo confirmarían espectacularmente las predicciones de Mendeleieff.

En España, la ciencia había quedado bastante al margen de todos estos movimientos y miraba con suspicacia estas nuevas doctrinas. Por eso no es extraño que Marcos Lainez, impregnado del talante conservador de la ciencia española de la época y dotado de una sólida formación académica, se dedicará en su Discurso a repasar detenidamente la teoría atómica de la materia y la teoría cinética de los gases, para tratar de demostrar las amplias lagunas que tenían, indicando que muchas de las leyes enunciadas eran susceptibles de ser matizadas.

Considerando la vulnerabilidad que, según él, tienen las más doctrinas físico-químicas, le llevan a plantear la dudosa estabilidad, firmeza y universalidad de los principios en que descansa la Química. Y así llega a la parte VI del Discurso en la que, después de examinar las leyes y principios de la Química según las modernas ideas, concluye:

1. Carecen de la precisión y exactitud que caracterizan a los principios de la verdadera ciencia.

2. Tampoco tienen la universalidad de los principios científicos.

3. Se les hace depender de la exactitud de gran número de hipótesis que distan mucho de ser expresión genuina de la verdad.

4. No hay unanimidad entre los autores acerca del significado y extensión de esas hipótesis.

5. Se observa muy frecuentemente una deferencia muy marcada a la autoridad de los sabios.

En apoyo de sus pensamientos trae Fr. Marcos la opinión de numerosos científicos y filósofos de prestigio como son: Würtz, Naquet, Berzelius, Bacon y Sáez Palacios. Ante las infinitas hipótesis y teorías químicas, concluye, "solo hay ánimo para escribir, como Boyle, una obra que lleve por título Sceptical quimist", y la sociedad recuerde el cruel apotegna quevediano de: El mentir de las estrellas es muy seguro mentir, porque ninguno ha de ir a preguntárselo a ellas.

Argumentos para justificar el antievolucionismo de Lainez

Es evidente que Fr. Marcos por su formación religiosa o por su talante personal, se integra en esa ancha corriente de opinión que durante muchos años en España se opuso a las nuevas ideas científicas que llegaban de Europa, y que en el fondo era una especie de medida profiláctica ante la teoría Evolucionista de Darwin, el verdadero motivo del escándalo.

Es fácil con los conocimientos actuales desmontar los sutiles argumentos de Lainez, que en ocasiones magnifica pequeñas excepciones, o las saca de su contexto, o comete evidentes contradicciones. Sin embargo, hay que reconocer también que en todo momento va a mostrarse como un erudito profesor que conoce a la perfección las ideas de sus opositores, y que dispone igualmente des excelentes conocimientos químicos que le permiten, utilizando una selecta y moderna bibliografía científica y filosófica, argumentar con ingenio y con rigor a sus adversarios.

En resumen pues, que nos encontramos ante un libro muy interesante que refleja a la perfección el pensamiento de una parte importante de los científicos españoles del final del XIX, cuyas ideas compartían también acreditados sabios europeos de la talla de Owen en Inglaterra, Von Baer, Kölliker y Virchow en Alemania, Claude Bernard y Wuatrefages en Francia. Por otra parte, la obra que aquí presentamos, nos proporciona una excelente información acerca de los conocimientos químicos y filosóficos de Fr. Marcos, que se hace acreedor de todo nuestro respeto científico y profesional.

Autores citados en las "Reflexiones sobre la combinación y el compuesto químico"

Como hemos tenido oportunidad de ver hasta aquí, son abundantes las citas y referencias que desliza Lainez en su "Discurso". En total aparecen 162 autores distintos, que se reparten 528 citas sobre las que descansaba documentalmente la obra.

Los hay desde la antigüedad clásica, como Pitágoras o Aristóteles, hasta los más contemporáneos que son sin duda los más abundantes, pasando por todas las etapas importantes del saber como Boecio en la Alta Edad Media, Alberto Magno y Tomás de Aquino del bajo medioevo, Francis Bacon o Luis Vives en el Renacimiento, Robert Boyle o Borelli como representación de la ciencia nueva del Barroco, y ya de la Ilustración hay muchos pero destacamos únicamente a Lavoissier.

En cualquier caso la representación más abundante procede, como era de esperar, de los científicos de la época romántica y del positivismo que caracterizan al siglo XIX con más de las tres cuartas partes de los autores que se mencionan.

En cuanto a las nacionalidades de los autores de referencia, dominan claramente Francia (53), Alemania (32) e Inglaterra (20), quedando a continuación España (16) e Italia (12). Lo que viene a confirmar la potencia científica que a finales del siglo XIX constituían en el campo de la química y de la ciencia en general las tres primeras naciones citadas.

Consideramos este "Discurso" como una obra de gran interés para conocer los debates que se planteaban en Filipinas a finales del siglo XIX en relación con la teoría de la Evolución y las nuevas ideas de la Química. Por todo ello, el Centro de Estudios del Jiloca ha considerado oportuno reeditar esta obra de Fr. Marcos Lainez, catedrático de Química de la Universidad de Santo Tomás de Manila y natural de Calamocha.

El obsequio de los dominicos calamochinos a su pueblo

Para terminar, nos gustaría destacar el cariño que siempre tuvo hacia su pueblo el P. Lainez y los dominicos calamochinos que con él estaban entonces en Filipinas, P. Santiago Roy Jordán, P. Manuel Moreno Sebastián y P. Joaquín López Fortea, quienes regalaron a sus paisanos la bella imagen de la Virgen del Rosario, de honda devoción en toda la comarca del Jiloca, y que a su vez era la titular de la Provincia dominicana donde estos buenos frailes desarrollaron la mayor parte de sus trabajos apostólicos y académicos.

Y ya que hemos comenzado con una cita de esta imagen, vamos a terminar con otra descripción de la misma a cargo del profesor de Historia del Arte don Santiago Sebastián:

"Dentro del Barroco final de carácter ecléctico hay que mencionar el retablo conocido como de la Virgen del Rosario, cuya hornacina principal guarda bajo cristal una fina imagen filipina de las llamadas devanaderas, con su rico manto y la novedad de tener la Virgen como el Niño la cabeza y las manos de marfil".

Bibliografía

JAIME LORÉN, J.M. DE; JAIME GÓMEZ, J. DE. (1994): Noticia de los dominicos calamochinos en Manila y su imagen de la Virgen del Rosario, y de las obras en Caminreal y Calamocha de los hermanos Navarro, escultores de Caminreal. Centro de Estudios del Jiloca, Calamocha, 44 p.

LAINEZ HERNANDO, M. (1886): Reflexiones sobre la combinación y el compuesto químico. Discurso leído en la apertura anual de los estudios de la Real y Pontificia Universidad de Santo Tomás de Manila, el día dos de julio de 1886 ... Manila, 77 p.

LAINEZ HERNANDO, M. (1909): Gramática inglesa según el sistema (modificado) de Robertson ... Ávila.

SEBASTIÁN LÓPEZ, S. (1974): Inventario artístico de Teruel y su provincia. Servicio Nacional de Información Artística, Arqueológica y Etnológica, Madrid, 531 p.

Ilustraciones

1.- Image of the Virgin of the Rosary, la Virgen Filipina de Calamocha (Teruel, Spain)

2.- Fr. Santiago Roy, O.P.

3.- Fr. Joaquín López, O.P.

4.- Marcos Lainez wrote religious and English grammar books

5.- "Reflections on the combination and the chemical compound" (Fr. Marcos Lainez, O.P.)