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Atención Personalizada

“Son perfectamente compatibles los auxilios espirituales, con los de las boticas temporales”.
(Refrán español que alude a la importancia de combinar los remedios medicamentosos con una buena atención farmacéutica)

 

“Copiosíssima tienda es de drogas, especies y mezclas la botica … Los géneros de la India más remota, las yerbas más exquisitas y no conocidas como las más vulgares, las piedras mediçinales, vntos, ingredientes, mixturas. Todo lo prometen títulos y botes; no hay dolençia ni achaque que no salga deshauziado de la tienda”.
(Ms. Galindo, 9, 24)

 


 

Desde el mismo origen de la prestación del servicio farmacéutico en la oscuridad de los tiempos, la correcta dispensación y administración de los medicamentos ha ido siempre acompañada de una adecuada asistencia al paciente. Es decir, que lo que ahora conocemos como atención personalizada, es algo que, implícitamente, ha formado parte esencial de la actividad del boticario a lo largo de los siglos.

 

Pero aunque de forma más o menos evidente ha estado siempre muy clara esta cuestión, desde hace tiempo se ha visto la necesidad de exteriorizarla, de ponerla de relieve, así como de darle un sentido más profesional y riguroso. Surge así el nuevo concepto de Atención Farmacéutica, con el objeto de aprovechar todo el potencial que ofrece el farmacéutico en su oficina de farmacia, desde el momento en que se decide a asumir una serie de responsabilidades y de mantener e incrementar su formación a lo largo de su carrera profesional. A la tradicional labor farmacéutica de elaborar y dispensar los medicamentos, mediante la correcta Atención Farmacéutica, además, garantiza que la terapia es necesaria, efectiva y segura en todos los pacientes a los que asiste.

Antecedentes de la atención farmacútica personalizada

 

Insistiendo en que implícitamente la correcta y personalizada atención del farmacéutico al paciente ha constituido la esencia de su profesión, conviene conocer los distintos pasos a través de los cuales esta atención se ha ido concretando en un protocolo perfectamente asumido por los servicios sanitarios, en los que el farmacéutico asume nuevas responsabilidades. Veamos un poco la secuencia de los hechos:

 

Mikeal (1975). Define a los servicios farmacéuticos como “Los cuidados que un paciente concreto requiere y recibe, y que aseguran un uso seguro y racional de la medicación”.

 

Brodie (1980: Establece las bases teóricas de la práctica farmacéutica e introduce el término Pharmaceutical Care, con el sentido actual de cuidados farmacéuticos, indicando que su responsabilidad comprende, no sólo la dispensación, sino también los procesos que garanticen que los medicamentos dispensados son necesarios, efectivos y seguros para cada paciente.

Charles Hepler (1985): Propone que el farmacéutico asuma mayores responsabilidades en el resultado de la terapéutica de los pacientes, encaminando así a la profesión hacia labores asistenciales.

Charles Hepler y Linda Strand (1990): Definen el problema relacionado con la medicación (PRM) como “Evento o circunstancia que implica a un tratamiento con medicamentos que real o potencialmente interfiere en la experiencia del paciente de un resultado óptimo en asistencia médica”.

También definen la Atención Farmacéutica como “La promoción responsable del tratamiento farmacológico, con el propósito de alcanzar resultados concretos que mejoren la calidad de vida del paciente”. Consideran a su vez que la Atención Farmacéutica implica tres funciones primordiales en relación con los PRMs potenciales:

 

  • Identificación
  • Resolución
  • Prevención
"Consulte a su farmacéutico"

 

Durante los casi treinta años de ejercición profesional en la barriada, nos sentimos legítimamente orgullosos del grado de amistad adquirido a lo largo de los años con la mayoría de nuestros clientes.

Desde el principio nuestro objetivo ha sido transformar la atención a los clientes o pacientes en algo más que un acto profesional, en un acto de atención personalizada siempre en la medida de nuestras posibilidades. Podemos asegurar que es fácil decirlo pero realmente difícil conseguirlo; ya que a la farmacia acuden muchas personas y cada una tiene su propia personalidad. Nada que ver, por supuesto, con el trato que se ofrece desde las grandes superficies.

Así, hemos sentido siempre la necesidad de llenar verdaderamente de contenido el famoso eslogan de “Consulte a su farmacéutico”, de dotarlo de verdadero sentido, de transformarlo en lo que es el Consejo Farmacéutico. Es decir, dejar claro que cada acto profesional refleja la opinión expresada por una persona que, no sólo ha culminado unos estudios académicos mínimos, sino que está permanentemente realizando cursos de reciclaje y de formación continuada.

Labor efectuada

 

A lo largo de los años son incontables los servicios prestados a la barriada en este sentido. Desde el consejo sencillo ante cualquier demanda, a dedicar unos minutos de charla a quien sólo busca que escuchen sus problemas. Muy a menudo nuestra labor ha consistido en recomendar la visita a la consulta del médico. Es muy importante conocer que nuestro campo de trabajo no entra para nada en campo de la clínica, y que una buena parte de los clientes que demandan nuestro consejo deben ser atendidos en exclusiva por los médicos.

Recordamos que muchas veces los pacientes empiezan su consulta farmacéutica diciendo claramente: - No, si ya sé que me va a mandar al médico. Y así es, en efecto, la mayor parte de las dudas que nos plantean son para ser resueltas por la Medicina.

Por otra parte, en el momento en que los pacientes perciben que tenemos un buen criterio profesional, llueven las consultas cada vez con dudas más complejas … y más alejadas de nuestra profesión. Una cosa es explicar una analítica, que interpretar una radiografía, tan negra, tan oscura …

No faltan a veces ocasiones de auténtico compromiso, a menudo muy alejadas de nuestra propia profesión, de nuestra propia responsabilidad. Es el caso, por ejemplo de accidentes de tráfico o domésticos que suceden en las inmediaciones, urgencias graves o intervenciones de máxima celeridad, como cierta crisis convulsiva de una niña que se nos presentó recientemente, y que, merced a la rápida actuación que tuvimos, la gravedad no pasó a mayores. Bien agradecidos quedaron padres y abuelos a continuación.